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Fecha de publicación 24 de abr. de 2026

😅 Cuando la verdad nos confronta

Fecha de publicación 24 de abr. de 2026

El otro día me pasó algo muy especial con mi hija Elena.

Mientras la ayudaba a dormir, lo que comenzó como una conversación cualquiera terminó siendo un momento muy profundo para hablar sobre Dios y la vida eterna.

Todo empezó cuando me preguntó por qué me estaban saliendo algunos cabellos y la barba con canas. Le expliqué que es porque estoy envejeciendo poco a poco. Que de la misma manera que su abuelo tiene el cabello blanco, algún día yo también lo tendré así.

Entonces empezó a hacer más preguntas.

Me preguntó cuántos años tendría yo cuando eso pasara y cuántos años tendría ella. Luego me preguntó algo que me tomó por sorpresa: “Papá, ¿cuántos años vas a tener cuando yo tenga 80?”

No supe muy bien cómo responder, así que le dije con suavidad: “Probablemente, para entonces… yo ya te estaré esperando con Dios.”

Eso fue suficiente para que, en cuestión de segundos, comenzara a llorar profundamente porque decía que me iba a extrañar mucho. Después de unos minutos pudimos seguir hablando. Se calmó y entendió que todavía faltaba mucho tiempo para que eso ocurriera.

Pero esa conversación me recordó algo muy importante: la verdad tiene el poder de confrontarnos… profundamente. 

A veces, como en el caso de mi pequeña, incluso puede llevarnos al llanto.

Algo muy parecido ocurrió en Nehemías 8:9 cuando el pueblo escuchó la Palabra de Dios: “Al oír las palabras de la Ley, todo el pueblo comenzó a llorar.”

Después de escuchar la Palabra y responder en adoración, algo aún más profundo ocurrió.

El pueblo comenzó a llorar.

¿Sabes por qué? 

Porque finalmente entendieron cuán lejos estaban de Dios.

La Ley contaba la historia de cómo Dios había llamado a un pueblo para vivir en comunión con Él. Pero al escucharla, el pueblo se dio cuenta de algo doloroso: habían olvidado a Dios.

Eso es lo que hace la Palabra de Dios. Nos confronta con la verdad. Y déjame decirte algo importante:

Amigo/a, no puedes ser sanado de aquello que no estás dispuesto a reconocer.

El verdadero arrepentimiento es parte esencial del avivamiento. 

Comienza cuando dejamos de justificar nuestras fallas y permitimos que la verdad de Dios confronte nuestro corazón.

Pero hay algo hermoso en todo esto.

Dios no nos confronta para destruirnos, sino para restaurarnos. La convicción no es el final del camino.

Es la puerta que nos lleva a la gracia.

Amigo/a, ¿estás dispuesto a dejar que la verdad de Dios cambie lo que sabes que necesita cambiar en tu vida?

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.