🪑 Cuando la espera se alarga
Cuando la espera se alarga, puede que surja esta pregunta: ¿Qué hago mientras tanto?
He llegado a pensar que esperar significa no moverse, detener la vida hasta que llegue la respuesta deseada. Pero la espera bíblica no es pasividad. No es resignación. No es sentarse con los brazos cruzados hasta que algo ocurra.
Esperar en Dios también es avanzar con fidelidad en lo que hoy sí tienes delante.
Mientras esperas esa oportunidad, puedes seguir preparándote. Mientras esperas restauración, puedes seguir sanando. Mientras esperas dirección, puedes seguir siendo obediente en lo pequeño. Y, mientras esperas una puerta abierta, puedes seguir creciendo donde estás.
A veces nos enfocamos tanto en lo que falta, que descuidamos lo que sí está en nuestras manos, hoy. Queremos la próxima temporada, pero Dios también está presente en esta. Y muchas veces, la manera en que vivimos el presente prepara el terreno para lo que viene después.
Piensa en un agricultor. Él no desentierra la semilla cada semana para revisar si creció. Sigue regando, cuidando la tierra y confiando en el proceso. Sabe que hay una parte que le corresponde y otra que solo el tiempo puede revelar.
Así también contigo. Tal vez no puedes acelerar la respuesta, pero sí puedes permanecer fiel, constante y disponible para lo que Dios quiera hacer en tu vida.
Su palabra nos dice: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos”. (Gálatas 6:9, NTV).
Fíjate en esta promesa: a su debido tiempo. Existe un tiempo señalado para la cosecha, pero mientras llega, hay que seguir sembrando.
No subestimes lo pequeño que haces hoy. Tu obediencia diaria también forma parte del milagro.
Amigo/a, ¿qué acción fiel y sencilla puedes seguir haciendo, aun mientras esperas una respuesta? No tienes que tenerlo todo resuelto. Solo sigue sembrando.