❤️🔥 Cuando el corazón vuelve a tener hambre
Comenzamos una nueva semana juntos. ¡Qué bendición poder compartir este tiempo contigo! Mi oración es que durante estos días puedas escuchar la voz de Dios que te habla y te desafía a vivir cada vez más cerca de Él.
Con esto en mente, déjame hacerte una pregunta:
Si hoy te quitaran tu Biblia… ¿Cuánto de la Palabra seguiría viviendo dentro de ti?
Esta pregunta la hizo un hombre cuyo libro ha impactado profundamente mi vida.
El libro se llama El Hombre Celestial. Lo leí hace algunos años, y tiempo después tuve la oportunidad de conocer al autor, conocido como el hermano Yun, y escuchar su testimonio en persona.
El hermano Yun creció en China en medio de una profunda persecución contra el cristianismo.
En toda la aldea donde vivía, solo él tenía una Biblia, y debía mantenerla escondida ya que estaba prohibida. Por eso, como no sabía cuánto tiempo podría conservarla, comenzó a memorizar grandes porciones de la Escritura.
De ahí surge esta pregunta tan confrontadora: Si a partir de hoy ya no tuvieras acceso a una Biblia, ¿cuánto de la Palabra seguiría viviendo dentro de ti?
El hermano Yun decía algo muy impactante:
“En Occidente muchos tienen Biblias, pero hay poca hambre por ellas. En China muchos tienen hambre por la Palabra… pero pocas Biblias”
¿Sabías que casi todos los avivamientos, tanto en la Biblia como en la historia de la iglesia, comenzaron con algo muy sencillo?
Hambre.
Hambre por la Palabra de Dios.
En el capítulo 8 de Nehemías vemos uno de esos momentos de avivamiento.
Durante esta semana quiero compartir contigo algunos pasos que encontramos en este capítulo para experimentar un verdadero avivamiento.
El versículo 1 dice lo siguiente:
"Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se reunió en la plaza que está frente a la puerta del Agua y pidió al maestro Esdras que trajera el libro de la Ley que el Señor había dado a Israel por medio de Moisés" (Nehemías 8:1 RVR1960).
Observa algo importante: Después de reconstruir la muralla de Jerusalén, el pueblo no pidió descanso, ni una celebración, ni un nuevo proyecto.
Después de siete capítulos de trabajo intenso, pidieron algo mucho más profundo:
Pidieron escuchar la Palabra de Dios.
Porque en ese momento entendieron algo clave:
El verdadero problema nunca fueron solo las murallas derrumbadas.
Siempre fue el corazón.
Y lo mismo ocurre contigo y conmigo.
Podemos arreglar muchas cosas externas en nuestra vida: hábitos, rutinas y comportamientos. Pero solo la Palabra de Dios puede transformar el corazón.
Ese es el primer paso del avivamiento: un corazón que vuelve a tener hambre de Dios.
Ahora déjame preguntarte algo, Amigo/a: ¿Cuánta hambre tienes hoy por la Palabra de Dios?