• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 23 de abr. de 2026

🛐 Cuando el corazón responde en adoración

Fecha de publicación 23 de abr. de 2026

Este domingo en nuestra iglesia cantamos la canción “Aquí Estoy” de Hillsong. Es una canción muy hermosa que nos invita a rendir todo a Dios. 

Parte del coro dice:

Aquí estoy,Con manos alzadas vengo,Pues TúTodo lo diste por mí.

Me encanta esta canción. 

Y hay algo curioso: cada vez que canto esa parte, no puedo evitar levantar las manos. Si no lo hiciera, casi sentiría que estoy cantando algo que realmente no estoy viviendo.

Levantar las manos, tanto en la Biblia como en la tradición cristiana, es un símbolo de rendición, entrega y dependencia de Dios.

Por eso me encanta leer que, hace más de 2400 años, el pueblo de Israel estaba haciendo exactamente lo mismo en Nehemías 8, como respuesta a la lectura y exposición de la Palabra de Dios.

“Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén y amén!». Luego adoraron al Señor, postrándose rostro en tierra” (Nehemías 8:6 NVI).

Observa cómo adoraron. Adoraban con todo su ser.

Levantaron las manos como señal de dependencia.Dijeron «Amén» para afirmar la verdad de Dios.Y se postraron para reconocer su autoridad.

Porque cuando la Palabra de Dios toca el corazón, la respuesta natural es la adoración. El cuerpo muchas veces revela lo que el alma está experimentando. Tal vez alguna vez has sentido el impulso de arrodillarte al orar o levantar las manos en adoración, pero algo dentro de ti dice: “¿Qué van a pensar los demás?”

Pero sabes, un verdadero avivamiento produce un corazón que reconoce quién es Dios. Y cuando vemos a Dios correctamente, nuestra postura cambia. La adoración deja de ser un acto religioso y se convierte en una respuesta sincera del corazón.

Amigo/a, déjame preguntarte algo hoy: ¿Cuándo fue la última vez que adoraste a Dios con todo tu ser?

Oremos: Señor, enséñame a adorarte con un corazón sincero. Quiero vivir libre del miedo al qué dirán. Ayúdame a responder a tu presencia con humildad y gratitud. Tú eres digno de toda mi adoración. Amén.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.