🏃🏻♀️ Cuando Dios te confronta, pero sigues avanzando
En estos días nuestra hija tiene una costumbre que es muy frustrante para nosotros sus padres. Cada vez que le llamamos la atención por algo, como pelear con su hermano o hacer desorden en casa, su respuesta es: “ya lo sé”.
Entonces, si acaba de empujar a su hermano, pintar la mesa o hacer cualquier cosa, y le llamamos la atención diciéndole, por ejemplo, que no debe empujar a su hermano, su respuesta es “ya sé”.
Esto es muy frustrante, porque significa que sabe que no debe hacerlo y aún así lo hace. Pero siendo honestos, ¿no somos iguales los adultos?
En la historia de Balaam, Dios abre sus ojos y ahora sí ve lo que antes no veía: el ángel del Señor frente a él, con la espada desenvainada. De pronto todo lo que estaba pasando tiene sentido, y su respuesta es la correcta: “He pecado. No me di cuenta de tu presencia en el camino para cerrarme el paso. Ahora bien, como esto te parece mal, voy a regresar”. (Números 22:34, RVR1960).
Balaam reconoce su error. Admite que iba por un camino equivocado, incluso ofrece regresar. Pero la parte interesante es que no se regresa.
Esto es el equivalente a mi hija diciéndome “ya lo sé” y acto seguido haciendo exactamente lo que le había dicho que no hiciera.
Y, ¿sabes? Esto es exactamente lo que tú y yo hacemos.
La realidad es que la gran mayoría de las cosas en las que nos equivocamos, de las tentaciones que enfrentamos y aun de los pecados que cometemos, ya sabemos que no deberíamos hacerlo:
- que no deberíamos ver esa película o serie,
- que no deberíamos decir esa mentira,
- ya sabemos… y sin embargo lo hacemos.
Amigo/a, reconocer que estás mal no es lo mismo que estar dispuesto a cambiar. Por eso mi invitación para hoy es que no te quedes solo en sentir, sino en obedecer. Pregúntate con honestidad:
¿Qué me ha mostrado Dios claramente… que aún no he cambiado? Y toma hoy la decisión de dar un paso de obediencia.
Porque no se trata solo de decir “ya lo sé” sino de vivir como si realmente lo creyeras.