👂🏻 Cuando decidimos escuchar a Dios
Hace poco, mi esposa y yo notamos algo inquietante: cuán fácil es perder tiempo en el celular. Basta con empezar a ver reels o simplemente deslizar la pantalla, y cuando menos te das cuenta ya ha pasado mucho tiempo.
¿Sabías que hay estudios que muestran cuánto daño puede hacer esto a nuestro cerebro? Una de las áreas más afectadas es nuestra capacidad de concentración.
Esto trae muchas consecuencias en la vida diaria, pero hay una especialmente importante: poco a poco perdemos la capacidad de concentrarnos y prestar atención sostenida a la Palabra de Dios.
En el capítulo 8 de Nehemías, que estamos viendo esta semana, encontramos algo muy interesante. El versículo 3 dice: “Entonces la leyó en presencia de ellos desde el alba hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua. Todo el pueblo estaba muy atento a la lectura del libro de la Ley” (Nehemías 8:3 NVI).
Después de pedir escuchar la Palabra de Dios, el pueblo hizo algo que hoy podría parecernos sorprendente. Escucharon la lectura de la Escritura durante alrededor de seis horas.
Pero lo más impresionante no es solo el tiempo, es la actitud. El texto dice que todo el pueblo estaba atento.
Sabes, vivimos en un mundo lleno de distracciones. Nuestro tiempo de atención se ha vuelto cada vez más corto. Pasamos de una pantalla a otra, de una notificación a otra, de un pensamiento a otro.
Pero el pueblo de Israel estaba escuchando con hambre.
Porque la Palabra de Dios tiene un poder que ningún otro libro tiene. La Biblia no es simplemente información espiritual. En Hebreos se nos dice que la Palabra de Dios es viva y eficaz, capaz de penetrar hasta lo más profundo del corazón.
Alguien dijo una vez algo muy cierto: “La Biblia es el único libro que, mientras lo lees, también te está leyendo a ti.”
Y eso es exactamente lo que estaba ocurriendo en Nehemías 8. Mientras escuchaban la Ley, el pueblo comenzaba a ver su vida a la luz de la verdad de Dios.
Así es como se ve un verdadero avivamiento.
Como una poeta escribió una vez: “La atención es el comienzo de la devoción.”
La invitación para ti en este día Amigo/a es sencilla, pero profunda: ¿Qué tanta atención le estás dando a la Palabra de Dios en tu día a día?
No se trata solo de leerla por rutina o escucharla por costumbre, sino de permitir verdaderamente que Dios te hable.
Porque cuando Dios habla, todo empieza a cambiar.