• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
    • VI Vietnamese
Fecha de publicación 6 de nov. de 2026

🪞 Cuando comparas, pierdes la alegría

Fecha de publicación 6 de nov. de 2026

Hace poco, después de varios años, por fin pude cambiar mi celular. Me costó trabajo y tuve que ahorrar, pero por fin tenía en mis manos el celular que quería, con las características que quería. ¡Estaba feliz!

Sin embargo, tengo que confesarte algo. Al poco tiempo empecé a fijarme en los celulares de algunos de mis amigos, que eran más nuevos y tenían mejores características. Y por un momento sentí que la alegría que tenía por mi celular se iba apagando.

Gracias a Dios, pude enfocar de nuevo mi mente en agradecerle por lo que me ha dado y por su provisión en mi vida, y así salí de esa forma de pensar. Pero eso me hizo darme cuenta de lo fácil que es perder el gozo cuando empezamos a compararnos.

¿Te ha pasado? ¿Has empezado a mirar lo que otros tienen, las oportunidades que reciben o las puertas que se les abren, y sin darte cuenta has perdido la alegría por lo que Dios te ha dado a ti?

En la historia que estamos viendo, eso es exactamente lo que le pasa al hijo mayor. Cuando vuelve a casa, se entera de que su hermano regresó y de que hay una fiesta para él. Pero, en lugar de alegrarse y correr a abrazarlo, se enoja profundamente y no quiere ser parte de la celebración.

Su padre sale a buscarlo, y lo que recibe de su hijo es este reclamo: “¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos!” (Lucas 15:29, NVI).

¿Te das cuenta de lo que está pasando? El hijo mayor ya no puede ver todo lo que ha recibido. No se da cuenta de que ha estado siempre con su padre, de que ha compartido su casa y de que lo ha recibido todo de él. En ese momento solo puede compararse con su hermano.

¿Sabes, Amigo/a? La comparación tiene una forma muy sutil de robarnos la alegría.

Por eso hoy quiero invitarte a reflexionar: ¿hay alguien con quien te estés comparando en este momento? ¿Hay alguna bendición que otra persona recibió y que a ti te cuesta celebrar?

No permitas que la comparación te robe la alegría de lo que Dios está haciendo en tu vida. En lugar de mirar lo que otros han recibido, tómate un momento para pensar en todas las bendiciones que Dios te ha dado. Dobla tus rodillas, dedica un tiempo a la oración y a la adoración, y agradécele por lo bueno que es contigo.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.