🕊️ Amor sin miedo
Como te he contado antes, tengo una hija de cinco años, Elena. Es muy inquieta, tiene mucha energía y un carácter fuerte. Hubo un tiempo en que me preguntaba constantemente: “Papá, ¿me amas? Papá, ¿me amas?”.
Me lo preguntaba todo el día. Al principio eso me desconcertó mucho, porque desde el momento en que nació, yo he sido muy intencional en decirle una y otra vez cuánto la amo.
Por eso se me hacía tan raro que me siguiera preguntando.
Recuerdo que hasta lo hablé con Sheila, mi esposa: “¿Por qué será que me hace tantas veces esa pregunta? ¿Por qué tiene tanta necesidad de escucharlo?”. Sin embargo, con el tiempo pude entender de dónde venía. Todo esto pasó casi al mismo tiempo en que Elena hacía muchos berrinches todo el día. Estaba haciendo berrinche por cualquier cosa y de pronto su pregunta cambió. Su pregunta ya no era “Papá, ¿me amas? sino “Papá, aunque me equivoque, aunque me porte mal, aunque haga berrinche, igual me vas a seguir amando?”.
¿Puedes ver de dónde venía su pregunta?
Su pregunta ya no era “Papá, ¿me amas?”, sino “Papá, aunque me equivoque, aunque me porte mal, aunque haga berrinches, ¿igual me vas a seguir amando?”.
¿Sabes? Creo que tú y yo podemos ser iguales con nuestro Padre celestial.
Muchas veces podemos vivir con cierto temor en nuestro corazón de que Dios nos rechace cuando nos equivocamos o fallamos.
Pero Juan, otra vez, tiene palabras hermosas para nosotros. Mira lo que dice su Palabra: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18, NVI).
El que teme espera el castigo. Así que no ha sido perfeccionado en el amor.
Juan nos está diciendo que una de las grandes certezas que podemos tener del amor de Dios es esta: sin importar cuántas veces falle, no voy a dejar de ser amado. Puedo acercarme a Él aun cuando he cometido errores, aun cuando he pecado. No tengo que vivir tratando de ganar su aprobación.
¿Sabes? Le dije a mi hija no sé cuántas veces: “Sí, te amo”. Hagas lo que hagas, aunque te portes mal, aunque me hagas el peor berrinche del día, nunca voy a dejar de amarte, porque eres mi hija”.
Hoy ya no lo pregunta, y creo que es porque ahora sabe que es amada, aun cuando se porta mal, se equivoca o hace berrinches. Y sí, claro, está aprendiendo que sus acciones tienen consecuencias. Pero tiene la certeza de que nunca dejará de ser amada.
De la misma manera, tú y yo podemos tener la certeza de que nuestro Padre celestial nunca dejará de amarnos. No tenemos que vivir con miedo. Esta es la sexta certeza que quiero compartir contigo hoy: el amor de Dios echa fuera el temor.