🤔 ¿A quién vas a creer?
¿Sabes? Hace aproximadamente 15 años que empecé a predicar. He tenido la oportunidad de hacerlo en diferentes países, en distintos contextos, en iglesias pequeñas y en iglesias grandes. Quizá podrías pensar que, con esa experiencia, predicar ya me resulta fácil. Pero la realidad es otra.
No ha habido ni una sola vez en que no haya estado nervioso al momento de predicar la Palabra de Dios, luchando internamente. Y lo más desafiante es que, durante todos estos años, también he tenido que enfrentar pensamientos que buscan oponerse a mi llamado.
No creo que haya una sola ocasión en que haya predicado sin enfrentar preguntas como estas:¿Quién soy yo para predicar?¿Cómo voy a predicar si todavía hay pecado en mi vida?¿Será que realmente soy un buen predicador?Y muchas más…
Cada vez, justo antes de predicar, se libra una batalla dentro de mí. Aunque hoy he aprendido a reconocer de dónde vienen esos pensamientos.
Porque la realidad, mi amigo/a, es que una de las armas favoritas del enemigo es la burla y la intimidación. Ya hemos visto cómo, tan pronto como Nehemías decidió reconstruir las murallas de Jerusalén, la oposición se levantó. Mira cómo se manifiesta hacia el final del capítulo 2: “Cuando lo supieron, Sambalat el horonita, Tobías el oficial amonita y Guesén el árabe se burlaron de nosotros y nos preguntaron de manera despectiva: ¿Qué están haciendo? ¿Acaso pretenden rebelarse contra el rey?” (Nehemías 2:19, NVI).
Mientras Dios te quebranta para formarte a Su imagen y poder usarte poderosamente, el enemigo usa todo su arsenal para hacer que te rindas, para que te quedes en ruinas, para que no reconstruyas.
Pero Nehemías responde con una verdad poderosa: “El Dios del cielo nos dará éxito” (Nehemías 2:20).
Y aquí viene lo más hermoso: no se trata de quién eres tú; se trata de quién te llamó. Jesús llamó a Pedro aun sabiendo que un día lo negaría.
¿Por qué? Porque Jesús no veía solo lo que Pedro era, sino lo que podía llegar a ser en Él.
Y si Dios te está llamando hoy, no es porque seas perfecto, sino porque Él es fiel.
La pregunta no es si tienes ruinas. Todos las tenemos.
La pregunta, Amigo/a, es: ¿a quién vas a creer?