? Te enseñaré una nueva manera de contar…

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Continuamos hoy nuestra serie especial de Adviento con el testimonio de Tomás. Al final de su testimonio, terminaré como siempre con unas pocas palabras de ánimo. Te dejo con su relato:

Llevaba años en el negocio del vino, en concreto en la organización de grandes eventos, tales como bodas. Mi especialidad era contar, medir y repasar que todo estuviese perfecto para la ocasión. 

Como sabrás, en la cultura judía, y sobre todo en las bodas, el vino es un elemento esencial, por lo que no podíamos permitirnos ningún error. El número de invitados, la cantidad que cada uno tomaría, las diferentes calidades de vino… tenía siempre todas las variables en cuenta. ¡A riesgo de sonar pretencioso, diría que era uno de los mejores en mi oficio!

Sin embargo, esta boda en Caná de Galilea fue diferente. Los padres del novio no tenían mucho dinero, por lo que mis primeras estimaciones fueron conservadoras. ¡Lo que no nos esperábamos es que la boda tendría finalmente casi un 25% más de personas de las esperadas! Eso rompió mis cálculos por completo.

Apenas habían pasado unas horas desde el comienzo de la celebración, y ya no teníamos vino. ¡No sabíamos qué hacer! En nuestra desesperación, una amiga de la anfitriona nos presentó a Jesús, y nos dijo que hiciésemos todo lo que Él nos dijera (Juan 2:5-11). 

Jesús nos pidió que llenásemos las jarras de la purificación con agua. No tenía ningún sentido, parecía de hecho una idea estúpida que nos llevaría a perder incluso más tiempo, pero no teníamos ninguna otra opción, por lo que hicimos como Él nos dijo. 

Había algo especial en su forma de hablar, tenía una seguridad muy reconfortante. En un momento de la conversación me llamó por mi nombre, y me dijo: “Tomás, únete a mí, y te enseñaré una nueva forma de contar y de medir, y de entender el tiempo”. 

Nada tenía sentido, pero lo que justo ocurrió después tenía todavía menos sentido: Jesús convirtió el agua de las tinajas en vino. Si no hubiese estado ahí, si no lo hubiese visto con mis propios ojos, jamás lo hubiese creído. Y además, no era cualquier vino: era el mejor vino que jamás hubiese probado. 

Jesús hizo un milagro que salvó aquella boda, y además, a través de él, me llamó a seguirle ¡Él sabía que seguramente iba a necesitar un milagro para convencerme de ir con Él! Y sin duda surtió efecto. 

Mi vida no es la misma desde que le sigo. Ahora, cuento con los milagros de Dios en mi día a día. 

Mi nombre es Tomás, y he sido elegido por Jesús. 

PD: Querido/a amigo/a, quizá tú también te sientas entre la espada y la pared como Tomás, en una situación que no tiene solución aparente. Pero quiero invitarte a que mires más allá de tus limitaciones humanas, para verlas con los ojos de la fe. ¡Las matemáticas de Dios son mucho mejores que las nuestras! Entrégale tus problemas, y deja que Él te llene de Su paz y bendición en este tiempo de Navidad