?¡Levántate, y anda!

2021.12.16@2x-50

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Continuamos hoy nuestra serie especial de Adviento con la historia de Tamar, amiga del paralítico que fue sanado por Jesús. Al final de su testimonio, terminaré como siempre con unas pocas palabras de ánimo. Te dejo con su relato:

No sé tú, pero, en todos mis años de vida, nunca había visto un milagro tan impresionante como el del leproso. ¡Pude ver sus heridas ser sanadas delante de mis ojos!

En ese momento, la primera cosa que me vino a la mente es que, si Jesús podía sanar a un leproso, ¡seguro que podía hacer caminar a un paralítico! No podía contener mi emoción. Tenía que ir a ver a un buen amigo mío que, desde la infancia, había sido paralítico, y contarle lo que acababan de ver mis ojos. 

Al principio, mi amigo era un poco escéptico, pero tras convencerle de que fuese a ver a Jesús, emprendimos nuestro viaje al centro de la ciudad, con otros cuatro amigos que nos ayudaron a transportarle en una camilla. 

No fue muy difícil encontrar a Jesús. Una multitud se había congregado enfrente de una casa en la que Jesús estaba enseñando. Estaban todos pegados los unos a los otros, y no sabíamos cómo podríamos acercarnos a Jesús con la camilla, pero entonces se nos ocurrió subir al techo de la casa. Una chica muy amable, seguidora de Jesús, nos mostró el mejor camino, y nos ayudó. 

Una vez en el techo, intercedí por mi amigo ante Jesús, y le pedí que hiciese un milagro en su vida. Tuvimos que romper un poco el techo de la casa, para así poder descolgar a mi amigo con unas cuerdas. 

Las palabras de Jesús fueron: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Mi amigo me confesó más tarde que su corazón latía con fuerza cuando Le escuchó decir eso. Sintió que la carga de los pecados que le oprimían acababa de desaparecer. ¡Fue tan liberador! 

Pero eso no fue todo. Jesús continuó: “Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa” (Marcos 2:10–11).

Sus piernas se empezaron a mover. Poco a poco se incorporó torpe pero firmemente, y comenzó a dar pasos en medio del clamor y de la estupefacción de la multitud. No podía creer lo que veían mis ojos, y, sin embargo, era real. Mi amigo estaba caminando por primera vez en muchos años. ¡Un milagro había ocurrido!

Nuestras vidas han sido transformadas para siempre. 

Mi nombre es Tamar, y mi amigo y yo hemos sido elegidos por Jesús. 

Querido/a amigo/a, ¡es tan precioso tener amigos que intercedan por nosotros! En este día, me gustaría ser ese amigo que intercede por ti. Déjame orar por ti: “Señor, te pido por mi querido/a amigo/a, para que hagas milagros increíbles en su vida, y que le ayudes en todas las situaciones complicadas en las que se encuentra. Que si hay pecados que le están estorbando, pueda sentir una libertad completa, para que pueda así servirte con fervor. ¡Que Tu Nombre sea levantado en su vida! En el Nombre de Jesús. ¡Amén!” ¿Podrías ser tú también interceder por otras personas en este tiempo de Navidad?

¡Eres un Milagro!

Firma Christian (reducida)

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