¡No temas a nada ni a nadie!

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Esta mañana, quiero animarte a que te enfoques en esta sencilla palabra de 4 letras: NADA. Este “nada” lo dice todo.

Este mismo “nada” es el que el apóstol Pablo menciona en Filipenses 4:6, cuando dice: “Por NADA estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

Pero, ¿cómo es posible? ¿No podemos estar inquietos, preocupados? ¿Nunca? ¿Por nada? ¿Ni siquiera por las finanzas, Señor? ¿Ni por este conflicto que hay en mi familia? ¿Ni siquiera por el coronavirus? ¿Por nada? ¡La Biblia dice “nada”! ¿Cómo es posible?

Esto no consiste en aplicar el método de repetirte una y otra vez “Estoy bien, todo va bien”, mientras que en el fondo de tu corazón todo un caos interior. ¡No se trata de eso en absoluto!

Se trata de tener la seguridad, la certeza, la convicción profunda de que Jesús está ahí contigo, aun medio de la peor de las circunstancias. Esta es una verdad eterna, una realidad que no cambia con el tiempo (mira Mateo 28:20).

¡Sí, Dios dice que está aquí! ¡Está aquí contigo, querido(a) amigo(a)! Tu paz es perfecta por causa de Cristo, por causa de Su sacrificio por ti en el Gólgota.

¿Hubiera Él aceptado dar Su vida para que luego vivieses en temor e incertidumbre? ¡Seguro que no! Por lo tanto, hoy declara con fuerza y fe delante de Él: “No temo a nada, Señor. Tú eres mi redentor, estás vivo. No temo a nada, ni a las flechas del enemigo, ni a las tempestades de la vida. Mi existencia y mi destino están entre Tus manos”

Gracias por existir,
Éric Célérier