Mucho más que un niño

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Como cristiano, y siguiendo la tradición, me gusta celebrar la Navidad. Aunque sabemos que Jesús no nació un 25 de diciembre (ya que los pastores nunca hubiesen podido sacar sus rebaños a pastar en invierno), es una buena oportunidad para celebrar Su nacimiento. ¡Es maravilloso celebrar el nacimiento del Salvador! Y es, además, una muy buena oportunidad para hablar de Él a los demás. 

Hoy vemos al Señor tal y como es, sabiendo que ya no es el “pequeño” Jesús. ¿Pero cómo debió ser todo en el momento de Su nacimiento? Piensa en María y en los vecinos de José. ¿Qué vieron al mirar a este niño? Seguramente nada más que a un niño.

Sin embargo, este pequeño niño era el Mesías que durante tanto tiempo habían esperado. La palabra hebrea para Mesías es mashiach, que significa “ungido”, “el que ha recibido la unción”. En el Antiguo Testamento solo tres tipos de niños eran ungidos: los sacerdotes (mira Éxodo 28:41), los profetas (mira 1 Reyes 19:16), y los reyes (más específicamente los reyes de Israel, como puedes ver en 1 Samuel 9:16).

Es especialmente interesante observar que Jesús ejerció simultáneamente estas tres funciones: Jesús es sacerdote (Hebreos 7:17), profeta (Lucas 7:16), y, por supuesto, Rey (Juan 19:19, Apocalipsis 17:14).

Y aun así, al comienzo de Su vida, lo que vemos es a un niño en un humilde establo. Aquél al que vieron en su momento como a un niño, un carpintero o incluso quizá un “visionario”, ¡Dios lo llamó a ser sacerdote, profeta y Rey! Y sobre todo, Dios vio en Él a Su Hijo, y eso es precisamente lo que manifestó Jesús durante Su vida. Él fue e hizo todo lo que Su Padre esperaba de Él.

¿Qué relación tiene esto contigo a día de hoy, querido(a) amigo(a)?

Lo que la gente ve y piensa de ti no es realmente importante. Lo que importa es lo que Dios piensa de ti. ¡Él sabe para qué te ha llamado! Hoy, depende de ti convertirte en lo que Dios te ha llamado ser, sin preocuparte por lo que la gente piense de ti. Depende de ti el crecer en la gracia que Dios ha puesto en tu vida: es un llamado personal e irrevocable. 

Este día de Navidad, recuerda que hubo MUCHO MÁS que un niño en aquel establo, y que, igualmente, hay MUCHO MÁS en ti de lo que los demás ven. ¡Naciste para hacer historia, para cambiar el mundo, para entrar en todo aquello que Dios ha preparado y desea hacer a través de ti! 

Querido(a) amigo(a), no dejes que lo que otros piensan de ti te detengan en lo más mínimo. ¡Conviértete en quien Dios dice que eres!

¡Te deseo una muy Feliz Navidad! 

¡Gracias por existir!
Eric Célérier