¿Cómo te ves a ti mismo?

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Una lectora de “Un Milagro Cada Día” me mandó un mensaje hace algún tiempo, diciendo: “La mayor frustración que enfrento en mi vida cristiana es la falta de confianza en mí. Por mucho que lea la Biblia, confiese lo que Dios dice de mí o lea lo que usted escribe, no logro tener una buena imagen de mí. ¡O, en todo caso, no funciona más que por un corto periodo de tiempo! Suelo odiarme a mí misma, al punto de que a veces deseo que Dios me lleve con Él. Esto me frena, me impide avanzar y dar pasos que me hubiesen ayudado a crecer y cambiar mi vida desde hace tiempo”.

Como esta lectora, muchos sufren porque:

  • no llegan a quererse a sí mismos(as),
  • no dejan de acusarse por errores que cometieron, y que Dios ya ha perdonado,
  • se agobian al pensar en lo que pasó en el pasado, en lo que los demás pueden estar diciendo de ellos, en el futuro, en el diablo…

Y tú, ¿en qué piensas cuando te miras al espejo? ¿Cuáles son las palabras que te llegan a la mente? ¿Inteligente, guapo(a), valioso(a), o incapaz, feo(a) e insignificante?

Me gustaría animarte a través de esta corta declaración del apóstol Pablo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

¿Has notado el adverbio que marca el cumplimiento perfecto? Es “ahora”. ¡No ayer ni mañana, sino ahora! Ahora mismo, ya no hay condenación en tu vida… y si Dios lo dice, es que es así. ¡Ahora, es ahora!

La forma en la que te ves a ti mismo(a) va a influenciar enormemente tu futuro. Si la visión que tienes de ti mismo(a) está deformada por tu pasado, por el recuerdo de tu pecado o aún por las mentiras del enemigo, esto afectará tu capacidad para entrar plenamente en el llamado de Dios para tu vida.

Por el contrario, cuando la mirada de Dios se convierte en la medida según la cual te “evalúas”, entonces te das cuenta de que eres todo lo que Él dice que eres. Entonces el pasado es reducido al silencio y el enemigo también. ¡Ya no hay más miedo, duda ni pensamientos mentirosos que se resistan ante el Dios que te ama!

Querido(a) amigo(a), quiero animarte ahora a que te veas con los ojos del Señor, a que te pongas las gafas de la fe, a fin de que nada deforme lo que Dios dice de ti en Su Palabra.

¡Que la Paz del Señor sea contigo hoy!

Gracias por existir,
Éric Célérier

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