¿Cómo enfrentas el desánimo?

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Hoy, proseguimos nuestro estudio especial del Salmo 42:5-6.

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Dios mío, mi alma está abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar” (Salmo 42:5-6).

“Dios mío, mi alma está abatida en mí…”

“Dios mío, estoy desanimado…” ¿Te has dado cuenta de que a veces, sin entender por qué, el desánimo vuelve a llamar a la puerta de tu corazón? ¿Qué podemos hacer cuando, después de creer que ya éramos libres, el desánimo vuelve a la carga? 

Creo firmemente que es bueno hablar con Dios como con un amigo, y contarle nuestras penas con sinceridad. David, el hombre según el corazón de Dios, lo entendió: “Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro” (Salmo 6:8).

Jesús mismo, en Getsemaní, padeció angustia: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño” (Mateo 26:41-43).

A veces nos sentimos débiles, pero considera a Jesús: Él padeció todo ese sufrimiento por ti, incluido el desánimo, para que tú no tengas que estar desanimado(a). En ocasiones somos como los discípulos: nos vemos adormecidos por la tristeza, preferimos sencillamente huir del dolor antes que confrontarlo. ¡No permitas que ese desánimo se vuelva en algo permanente!

Dios desea que tengas ánimo, que empieces de nuevo a caminar, que te ilusiones por vivir. ¡Él tiene un destino para ti, querido(a) amigo(a)! “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Te dejo estas palabras de Abraham Lincoln:

“Si no te dejas invadir por el desánimo, puedes estar seguro de que alcanzarás tu meta”.

Tienes a tu lado a un Dios que desea darte Su fuerza. ¡Nada puede impedirte seguir adelante!

Gracias por existir,
Eric Célériér