Así fue el día en el que perdí mi trabajo…

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A lo largo de esta semana, me gustaría reflexionar contigo acerca de las tentaciones. Y, para ello, me gustaría empezar esta serie compartiendo contigo un pequeño testimonio: el de aquella vez que me despidieron por rehusarme a mentir.

Sentado en el despacho del jefe de personal, descolgué el teléfono como de costumbre. Mi interlocutor quería hablar con una persona que estaba presente en la sala. El jefe de personal me pidió que mintiera, y que dijera que esa persona no estaba. ¡No podía hacer esto! Me negué por tres veces a mentir, y como consecuencia de ello, fui despedido… ¡de inmediato!

Después de haber perdido este trabajo, en el cual llevaba solo tres semanas, tuve la impresión de volver a empezar de cero. Estaba verdaderamente triste. Sin embargo, al día siguiente otra empresa se puso en contacto conmigo para ofrecerme un trabajo increíble. Me ofrecían catorce pagas, seis semanas de vacaciones al año, y, sobre todo, un puesto idóneo para mis competencias. ¡Es decir, un sueño hecho realidad!

Este empleo fue un verdadero regalo de Dios. ¡Jamás lamenté haber sido despedido de mi anterior puesto de trabajo!

Esto es lo que aprendí: ¡las circunstancias más difíciles de nuestra vida son en ocasiones un trampolín hacia nuestro destino!

Solo Dios conoce el porvenir. Te animo a andar en integridad y a ser fiel a Sus caminos, cueste lo que cueste: ¡Él se ocupará del resto!

Como dice la Biblia: “Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido” (Salmo 25:3).

¡Que Dios te bendiga, querido(a) amigo(a)!

Gracias por existir, 
Eric Célérier