¡Todo es cuestión de equilibrio!

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La vida con Dios es es una constante cuestión de equilibrio: todos nuestros pecados han sido perdonados, pero Dios, a su vez, nos capacita para no volver a pecar. Vivimos bajo la gracia permanente de Dios, pero, a la vez, somos llamados a vivir una vida justa, sin pecado.

Para Dios no es tan importante lo que haces, sino lo que eres. Sin embargo, son tus actos los que reflejan y determinan quién eres realmente.

Por ejemplo, un deportista es aquel que practica un deporte. Una persona valiente es aquella porque supera sus miedos y sale regularmente de su zona de confort. En nuestro caso, vivimos por fe, pero si no expresamos con nuestras acciones esa fe, entonces tenemos un problema“Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26).

Eres un(a) hijo(a) de Dios, es tu identidad. Es por ello que esa realidad tiene que expresarse en tu vida mediante acciones prácticas, tales como:

  • Hablar a Dios en oración,
  • Hablar de Dios con los demás,
  • Leer la Biblia,
  • Adorar a Dios,
  • Tener comunión con otros hermanos y hermanas en la fe…

La vida cristiana demanda equilibrio entre la gracia inmerecida que Dios nos da, y nuestras acciones, sin las cuales nuestra fe está muerta. Es un poco como cuando aprendemos a montar en bicicleta: al principio, tendemos a inclinarnos hacia los lados de manera errática mientras vamos haciendo eses, hasta que poco a poco vamos situándonos más en el eje vertical y somos capaces de avanzar en línea recta, en equilibrio.

¡Querido(a) amigo(a), que el Señor te ayude a avanzar en perfecto equilibrio!

Gracias por existir,
Éric Célérier