Mírate en el espejo de Dios

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Muchos se sienten mal con la imagen que tienen de sí mismos. Sienten que tienen falta de identidad, critican su carácter, su inteligencia e incluso sus comportamientos.

Hoy, me gustaría ayudarte a reconciliarte contigo mismo(a). De hecho, voy a osarme a ir más lejos: ¡Debes aprender a amarte como Dios te ama! Eres la obra de las manos de Dios. Él te formó, como ya hemos vimos a lo largo de estos días. El salmista se regocija, diciendo: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien” (Salmo 139:14).

No se trata tampoco de que infles tu ego, o de que te vuelvas una persona orgullosa, sino que se trata de reconocer que Dios te ha creado, y que hizo un muy buen trabajo cuando te formó =)

Si te menosprecias o te devalúas, debes saber que Dios solo se fija en todas las cosas buenas que hay en ti, en el valor que tienes. Piensa en esto: todas tus faltas y tus pecados han sido borrados para siempre desde el momento en el que los confesaste al Señor. Abordaremos este punto tan importante con más amplitud en el mensaje de mañana.

Puede que te cueste llegar a decir “soy una criatura maravillosa”, debido a:

  • un pasado doloroso
  • las palabras hirientes que otras personas te dijeron.
  • un defecto físico.
  • algún problema que te esté haciendo sufrir.

Te entiendo. Sin embargo, es importante que sepas que Dios quiere ayudarte para que comiences a verte a ti mismo(a) de una manera diferente. Su amor puede sanar todas las heridas: las del pasado, las del alma, las del corazón, y hasta las del cuerpo.

Es por ello que te invito a declarar delante de Dios que, a partir de hoy, vas a cambiar la forma en la que ves a ti mismo(a). ¡Vas a empezar a verte de la manera en la que Dios te ve!

Antes de orar juntos, quisiera agradecer a Grace, una lectora de “Un Milagro Cada Día”, que da testimonio acerca del poderoso amor de Dios que transforma los pensamientos y los corazones. Dice así: “Desde que me suscribí a Un Milagro Cada Día, declaro constantemente que Dios me ama, que me ha querido crear y que Él me conoce. ¡Declaro de todo corazón que soy una pieza única en Sus manos, y que me va a usar grandemente! Mi vida ha cambiado completamente”.

Da gloria a Dios conmigo ahora, mi querido(a) amigo(a): “Gracias, Dios mío, por haberme hecho de una forma tan maravillosa. Ayúdame a quererme de la misma forma en la que Tú me amas, y a verme con Tus ojos y no con los míos. Te confío todas mis heridas, para que Tú las sanes. Te alabo por quien eres y por quien me has hecho ser, en el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

¿Sientes Su mirada llena de amor puesta en ti? ¡Sé bendecido(a)!

Gracias por existir,
Éric Célérier


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