¡Comienza el año con un corazón limpio!

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Me imagino que en los últimos (casi) 365 días que has vivido este año, has experimentado en ocasiones dificultades en tu relación con otras personas, quizá dentro de tu familia, en el trabajo, en la iglesia o en alguna otra parte.

Los conflictos y los desacuerdos parecen ser inevitables en la mayoría de las ocasiones, forman parte de la vida y de las relaciones humanas. Sin embargo, depende de ti escoger si vas a albergar en tu corazón sentimientos negativos hacia las personas con las que no estás de acuerdo, o no.

La Biblia nos invita a estar en paz con todos los hombres: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).

Efesios 4:26-27 nos dice “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

Te animo a que no dejes que este año termine con enfado en tu corazón, querido(a) amigo(a). Que en estos últimos días del año puedas perdonar cualquier ofensa que te hayan hecho. Despójate de toda la ira que puedas tener en tu corazón, y decide perdonar. ¡Sí, deshazte del resentimiento, y perdona! Deja que la sangre de Jesús limpie tu corazón y tu mente. 

Querido(a) amigo(a), no termines este año con amargura o resentimiento en tu corazón. ¡Sé libre de estos sentimientos! Que tu corazón esté lleno de perdón y de un espíritu de reconciliación, pues eso sin duda traerá alegría a tu corazón, y al corazón de tu Padre Celestial. ¡Anímate, sabiendo que cuando perdonas, estás haciendo Su voluntad!

¿Te gustaría orar conmigo ahora? “Señor, Tú ves mi corazón, y conoces la situación por la que estoy atravesando. Por mí mismo me es muy difícil perdonar de verdad, pero deseo hacer Tu voluntad y agradarte. Te ruego que me ayudes a echar fuera de mí todo tipo de enojo y resentimiento, y que me ayudes a perdonar a mis hermanos y hermanas, y a aquellas personas que me han hecho daño en alguna manera. ¡Ayúdame a terminar bien este año!  Te pido que mi corazón sea libre del peso del enfado, en el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

Gracias por existir,
Eric Célérier